«PROMESA IRLANDESA» (Un cuento en poesía) por Enrique Germán Martínez marino poeta

promesa irlandesa

Morena que miras acaso mi anillo
y calculas cuan pillo habré yo de ser,
aquí te lo digo sin Dios ni testigos
ni ánima alguna que nos pueda ver.

No he hecho en la vida un culto devoto
a palabras o votos doquiera que sembré.
Ni fui inquebrantable ni ejemplo inefable
de nadie que quiera en su sombra creer.

He burlado a mi anillo y a toda promesa
con ella conexa o tuviere que ver,
porque fueron los años tortuosos resabios
de días impíos carentes de fe.

Mantuve la calma o la sabiduría,
porqué no la hombría, de nunca ceder,
guardando porfía en ceñirme mi anillo
y de noble o de pillo jamás lo negué.

No daba esperanzas, promesas falaces,
cual quienes confían memoria a su piel,
si bien no he guardado recuerdo ordenado
de las ocasiones en que tropecé.

Un cíngulo de oro y el canto de un coro,
al viento las notas del órgano inglés,
allí frente Dios a quien nunca he visto,
en mi boda insisto, tampoco lo hube de ver.

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En una capilla en el norte de Irlanda
con frio hasta el alma lo recordaré,
mi voz escuché recitar letanías
que a ella amaría por única vez.

Debajo de un risco, un pueblo pesquero,
“Dunluce in North Antrim” lavaba sus pies
en mares helados hasta que treparon
el risco huyendo del cruel escoces.

Que al desembarcar les rindió los honores
desposando entre flores a toda mujer.
No supo Dunluce en ubérrimos tiempos
Mejores que los de la Reina Rí na hÉireann.

Allí están todavía tras siglos de historia,
transmitiendo apellidos de cuño escocés,
fabricando sus mitos sobrenaturales,
mi mujer se crio en esa isla de ayer.

No soy mentiroso tampoco un fullero
 un aventurero rapaz con desdén,
pero yo sabía que ya explicaría
mi vida y mis yerros de a uno por vez.

Aún no ha llegado esa incómoda instancia
atroz circunstancia que embarga mi ser,
y ha empañado sublimes instantes
apagándome antes que lleguen a ser.

Porque recordaba esa helada mañana,
en capilla de piedra por siglos de pie
erguida, imbatible, ante vientos polares
el viento y el diablo dan impulso a la vez.

Sabía que el aro ceñido a mi dedo
en aquella mañana de frío Irlandés,
cuidaba mi ser con la magia del oro
y enigmas que el coro entonó en Gaeilge.

Asique morena si es honda tu pena,
yo mitigaría tristeza y stress.
Sería un momento que no olvidaría
llevando a mi tumba cien años después.

 morena

EPÍLOGO

Sería memoria de amor no esperado
por siempre soñado desde mi niñez,
que yo guardaría en secreto hasta el día
que a la puertas del cielo hincado con fe,
dé cuentas de todo mi amor repartido
y al mundo esparcido con digna honradez.

marinopoetaneuvo