Quisiera decirle a mi nieto que ocupa todo mi cielo e infinitos mis universos
que brilla más que un lucero
y sin su inocencia saberlo
puso luz en mi camino
donde sólo había senderos
Quisiera que Noah, mi nieto,
sintiera mi amor intenso,
me guardara en todos sus sueños
fuera yo siempre su recuerdo,
que no lo borrara el tiempo
aunque la vida lo lleve lejos.
Quisiera ser su abrazo
aquel qué siempre se vuelve…
y ser su eterno regazo
en felices y tristes tiempos.
Quisiera contarle a Noah
el más feliz de mis sueños
y que he pedido a las hadas,
los elfos y duende buenos,
que siempre estén muy atentos
y velen su cumplimiento.
Quisiera verlo triunfar
en su vida como un hombre bueno
valeroso, fuerte y audaz
solidario, sensible y sincero.
El triunfo que yo pretendo
no es de fama y dinero,
es un camino mas digno
para el hombre de mis ensueños.
Yo le deseo valores
más sólidos que el dinero
para apoyar la familia,
el amor, las risas y sueños.
Que nunca cuenten lo ajeno
que tengan fuerte desprecio
por el brillo de los objetos.
Poder y dinero son soles
que te queman si no estas lejos.
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El secreto de las poesías
Enrique Germán Martínez marino poeta
Al enmudecer la lira cesó mi canto las letras dormidas no suspiraron, ni las páginas escritas han roto en llanto. Las hojas nuevas que de tanto en tanto se volvían poemas o algún relato, sintieron frío de quedar en blanco y volaron al viento desde mi cuarto. Mi pluma antigua que tanto ha dado yace entre piezas de un anticuario. Quizá orgullosa de un precio alto por tantas rimas que ha regalado. Y allí estará Por un tiempo largo hasta que un poeta de su letargo, despierte un día y sin pensarlo con letras finas y trazos largos, sin causa alguna y sin justificarlo, un rio de tinta en prolijos rasgos haga poesías sin meditarlo. Vuelvan los bríos en viejos hados, elfos y duendes que han inspirado tantos poetas hoy olvidados que son lectura de enamorados, en libros viejos y muy guardados.
Epílogo
Si lees mis versos En recitado oirás su música a no dudarlo que en todos ellos he sublimado entre las rimas que leerás soñando.
Y en tu corazón oirás un canto que eternamente he dedicado en melodías de tonos suaves que dirán por siempre sólo a ti te amo!
María Laura G. a su papá Hoy mi papá cumpliría 95 años y hace más de 10 años que murió. Lo recuerdo siempre bueno, atento y presente cuando lo necesitaba. Era muy tímido y callado, pero cuando le pedía consejo, me daba las respuestas más sabias. Se podía hablar con él de todos los temas. Nos fabricaba barriletes, a mi hermano y a mi y cuando me llevaba de la mano al colegio «nada malo podía suceder» Fue un privilegio tenerlo de papá.
Mi privilegio
A María Laura, a su hermano y a su papá.
Las nieblas del tiempo evanecen las sendas, no borran las huellas que hollamos detrás. Si acaso las manos de quienes amamos supimos tomarlas y nos dieron su paz, es gesto sublime que guarda tu alma segura que el mal nunca te ha de alcanzar. Así fue mi padre: Atento y bueno, presente y sincero, ¿Ausencias? ¡Jamás! Lo rodeaba el silencio el respeto a quien piensa, y expresa en dispensa las solas palabras que han de interesar. Pero nunca negaba un sabio consejo que sabia siempre de su meditar. Así fue mi padre, atento y bueno, presente y sincero, mi hermano cree igual. Nos hacía barriletes que volaban tan alto, que un gigante en su salto no podría alcanzar. Pero no eran juguetes, era lo que su mente, sin palabras sonoras quería expresar. Con un barrilete montado en las brisas, jugando sin prisa su cola al ondear, cantaba ilusiones y al sol sus colores murmuran por siempre…. “aprende a soñar”.
Gaviota porteña que vuelas y sueñas que vientos marinos te arrastran al mar, aquél mar bravío con fríos peligros sin techos ni aleros para reposar.
2.
El mar traicionero te canta canciones
te miente ilusiones que te hacen soñar
con aguas abiertas y cielos inmensos
con costas doradas donde recalar.
3.
Chispeantes luceros reflejan las olas
Fulguran la noche queriendo alumbrar
La frágil gaviota nacida en el puerto
Que en cielos vacíos se habrá de orientar
4.
Es una gaviota nacida en la tierra
volaba en los cielos de alguna ciudad
con techos y ramas de cálido abrigo
y con otras gaviotas con quien anidar.
5. No tienen sus alas la fuerza ni aliento No pueden alzarla en ascenso fugaz, luchar contra el viento, tenerla en el aire y llevarla a un destino de incierto arribar.
6. Ocasos dorados con noches oscuras cual negro es el fondo profundo del mar, sin cálido abrigo en el gélido invierno y sin fresco refugio en verano fugaz
7. Es frágil gaviota nacida porteña que en cielos vacíos y en la inmensidad de noches eternas y estrellas brillantes esquivo destino debiera encontrar.
8 Porque una gaviota nacida porteña que alberga en su alma el sentir de su hogar precisa en su vuelo el impuso glorioso de pechos vibrantes que la han de animar,
9 Latidos muy fuertes batiendo las olas Muy cerca de su alma impulsarla querrán volar contra el viento esquivando la fuerza impiadosa y fulgente del rayo letal.
10 No es ave marina sin nidos ni afectos, no es ave de tierra de muy corto andar, es una gaviota nacida porteña, que muy hondo en el alma ama la LIBERTAD.
1. Gaviota porteña: volando eres dueña, de eternos caminos que habrás de surcar… detrás de los mares, cruzando montañas, tan altas que al cielo querrás desafiar.
2. Llevando en tus ojos recuerdos brumosos, del místico puerto que no has de olvidar, ni aún deambulando por Francia, Marsella, en que techos muy rojos te vieron pasar.
3. Seguiste batiendo tus alas inquietas, planeando en el cielo… acercándote al mar; ¡enfrentando con rabia distancias eternas! soñando en tu anhelo por siempre arribar.
4. Es una gaviota nacida en un puerto, pequeño y lejano a orillas del mar. Mar espléndido, hermoso, a veces furioso, otras tantas, «remanso radiante de paz.»
5. Pero hay un secreto, muy hondo en el alma, vibrante e inquieta del ave del mar, que nunca en susurros a brisas curiosas, ni al viento enojado le ha dicho jamás.
6 . Pequeña gaviota nacida en un puerto que baña sus siglos al borde del mar, sabrás que algún día su sueño ha cumplido y su alma por siempre vuela ya en LIBERTAD.
1. Gaviota porteña, alegre y risueña, en un corto vuelo te fuiste a Uruguay, siguiendo destinos que sólo tu sueñas, buscando horizontes que no has de alcanzar.
2.
Colonia es un pueblo de antiguas historias,
que moja sus siglos al borde del mar,
escala obligada a distantes parajes
que nunca en tu apuro te logró cobijar.
3.
Huyes presta y veloz de sus techos mohosos
tus ojos ardiendo de tanto llorar,
pasada la noche y brillando ya el alba,
ahogando la pena, sin mirar hacia atrás.
4.
Batiendo con rabia infinita tus alas, Gaviota porteña… ¿adonde has de llegar? a una playa lejana cruzando los mares? si aquéllo que amas contigo no irá? 5. Eres ave de un puerto a la vera del viento, que sopla furioso desde adentro del mar, él te engaña, te miente y te jura impetuoso qué sólo con él hallarás Libertad.