La historia de la nao «MADRE DE DIOS»

Poema épico que narra un vívido viaje imaginario a bordo de una nave española, desde Sánlucar -puerto de río- hasta México, en el año 1650, con las alternativas propias de la época.

El mismo se halla dividido en     partes, desde la zarpada a hora furtiva entre la noche y el alba, hasta la salida a mar abierto, los sueños de sus tripulantes, el orgullo por su Reino y destino que son retados por la naturaleza o la incipiente tecnología marina transocéanica donde a cada legua de mar ganada acechan mil peligros.

Esta compuesta por:

  1. Parte Uno.
  2. Parte Dos.
  3. Parte Tres.
  4. Parte Cuatro.
  5. Parte Cinco.
  6. Parte Seis.

 

 

«Bahia Anunciación» por Enrique Germán Martínez marino poeta

Durante la Guerra de Malvinas, mi buque estuvo fondeado en Bahía Anunciación y le comente a una persona que me había parecido un anodino lugar. Despues del estupor, esta persona, investigadora y especialista en el tema, paso a relatarme que hubo en esa ‘anodina bahia’ y cuando subi una foto satelital de las Islas dejo un emotivo mensaje a quienes tienen alguien caido en las Islas, defendiendo eso desconocido que quedó en esas aguas cristalinas y frías.  Este es su comentario:

 

y esta es mi poetización de ese escrito que llevaba algo de consuelo a los familiares de quienes allí descansan, que en la opinión del escritor (y fotografo) español Pedro Sabalete Gil «no es un mal lugar para descansar».

POETIZACION DEL ESCRITO: «BAHIA AGRADABLE».

Me agrada pensar que
legendarios soldados
su vida entregaron
con coraje sin par,
allá en las Malvinas,
la mar cristalina
en todos los tiempos
quisieron robar.
Las guarda el recuerdo
de tantos intentos,
que irónicamente
Captain Buongainville
no quiso imitar.
Comparte con ellos
su añejo Drambuie,

que llegó mareado

en un la cala de un barco

zarpado del puerto de Brest.

Saluda a los nuestros,
el negro Simón
con su anciano violín,
Alegra los días
en la hermosa Bahía
donde es cristalina
el agua y la vida,
que lava tu herida
que honra tu honor.
En aquella Bahía
Que lleva por nombre
De la Anunciación.
Gregoria está sana

sus pulmones reclaman

mas aire insular!.
Julia es muy buena

niña de dieciseis primaveras

que de repente se fué.
Victoria, pionera:

madrina civil la primera

de todo el país,

y segunda en casarse

con su Gregro por amor

ante la autoridad

de actas de un Gobernador

que habló de amor.

Ella les canta
Desde algún lugar,
Heroica dama
muerta al luchar

por otro Gobernador defender

y a esa tierra amar.
Los viejos marinos
Fondeaban navios
Y oian en su canto
el canto del mar.

 

 

«Rumbo a mis quimeras» por Enrique Germán Martínez marino poeta

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Rumbo a mis quimeras

Mi sueño es barco que zarpa
y se interna lejano en la mar,
navegando fantasías eternas
donde nunca habrá de arribar.

Si bien mi alma se empeña
en soñar paraísos de paz,
mueren cada mañana
en la vigilia del despertar.

Entonces sueño despierto
que más que soñar es desear
que se cumplan mis ilusiones
aunque sólo fuera por azar.

Y aunque mis sueños un día
se hicieran feliz verdad,
no olvidaré mis quimeras
que por siempre he de desear.

Serán la última escala
de mis estelas en la mar,
que se alejan como espejismo
al mismo paso que mi andar.

La esperanza será la fuerza
que me habrá de empujar
para llegar hasta mis quimeras
que al alcanzarlas se esfumarán.

Imagen representativa del poema

«Oda épica al Gran Almirante Don Guillermo Brown» por Enrique Germán Martínez marino poeta

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a  Oda épica al Gran Almirante don Guillermo Brown, ha sido aprobada por el Consejo Académico, por aclamación, para uso didáctico en distintas instituciones.

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Un marino irlandés en el Plata,
entre ráfagas de emancipación,
al ideario naciente de mayo
con intrépido amor abrazó.

Arraigado en pródiga tierra,
su alma por siempre enraizó,
mas la tregua fugaz de su vida
despertó al tronar del cañón.

A su mando la Escuadra patriota,
en urgentes vigilias se armó,
artillando las naves en puerto
que un babel de lenguas pobló.

Marinos de todos los vientos,
comandantes por digna ocasión
pedestales de gloria escalaron
defendiendo el novel pabellón.

Bouchard, de Kay, Parker y Seaver,
Spiro, Seguí y Drummond,
y otros más el honor la Escuadra
sostuvieron ante un poder superior

Espora y Rosales, dos bravos
criollos que esta tierra forjó,
el Gran Almirante admiraba
espadas que a sí mismo igualó.

El gaucho de pampas inmensas
su espíritu al mar sometió,
se afirmó en oscilantes cubiertas
Y su pecho al coraje entregó.

En el Plata un tronar de cañones
un catorce de mayo estalló
Y en tres días, cubierto de gloria
al futuro una Armada legó.

San Martín genial estratega
de la América un Libertador
otorgó a la brava Escuadra
un blasón que en el Norte brilló.

En la popa de nobles navíos
que la Patria naciente empeñó,
Brown valía por toda una flota
qua a oponentes más fuertes batió

Su firmeza en la épica gesta
que al Pacífico naves llevó,
fue mensaje en lejano escenario
del ideario que en Mayo nació

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A esta tierra, aun frágil promesa
un Imperio la amenazó.
Su montaña flotante de velas,
desafiaba libertad y honor.

Vivando tres veces la Patria
y disparando el tiro de honor,
atacó con su fuego rasante
Y juramento de heroico valor.

A la vista del pueblo, que ansioso
recelaba el poder invasor,
con sus velas henchidas al viento
apuntando hacia nuestra Nación.

Brown sereno y genial en batalla
a sus hombres palabra exigió,
que un altivo bajel de la Patria
jamás rendirá el pabellón.

Irse a pique fue noble consigna
que en las aguas del Plata vibró,
y en las ánimas de sus cañones
rugiendo entre salvas tronó.

Andanadas de pólvora y fuego
encendidas por la gracia de Dios
puso en fuga al soberbio oponente
que cazó escotas con popa al valor.

En Quilmes miserias y glorias
se funden bajo un pedestal.
donde ascienden valientes espadas
sólo: Espora, Rosales y Brown.

Finney gaviero en la Escuadra
dejó escrita, atroz su verdad,
Brown no era tan sólo un hombre
¡Preparen su alma al pelear!

Costa Brava sangriento y furioso
fue castigo al corsario oriental,
Garibaldi tiñe el río de rojo
al huir Brown lo perdonará.

Cien batallas libró el Almirante
y de inciertos destinos libró
a la patria naciente Argentina
que latía en su gran corazón.

El postrer homenaje del héroe
a Carlos María de Alvear,
Fue llorar comandando el navío
en que sus glorias dormían en paz.

Cuando su alma dio rumbo a la gloria
era el práctico un Ángel de Dios,
todo un pueblo lloró su partida
murió un padre de nuestra Nación.

¡Gloria eterna al Gran Almirante!
Irlandés de devoto fervor,
San Patricio en furiosas batallas
con su fe victoriosa invocó.


Una Armada heredó sus virtudes,

en la historia su ejemplo esculpió,
y sembró en corazones valientes
su tesoro valiente de eterno blasón.

Hoy reposa en su Patria afectiva
Y un pueblo afirmó su verdad,
Con palabras que rezan al Cielo:
“Brigadier Argentino es Brown”.

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Enrique Germán Martínez (h)
Ctealte. ( R) V. G.M.
Octubre de 2016.

Ilustraciones: Retrato del  Almirante de la época de la Independencia. Estampa de  de Don Guillermo Brown a bordo, muy vendidas durante la Guerra con el Brasil. Daguerrotipo del Almirante y su esposa (y apoderada legal) Eliza Chitty con motivo de su aniversario de bodas, 1844, primer daguerrotipo argentino que se conserva. Detalle del mismo donde se aprecia en su uniforme de gala huellas del combate y recién desembarcado. Daguerrotipo del Alte. Brown con uniforme de gala durante la presidencia de Justo José de Urquiza.

 

«El gaviero, entre la tradición y el honor» por Enrique Germán Martínez marino poeta

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ara Rubén Gerez, un gaviero toda su vida, en el día que hace 49 años la Fragata ARA Libertad obtenía el más alto galardón de toda su historia: la Gran Medalla.

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Gavia:

«Es la cuadra que se encuentra a la mitad del palo, bajo las velas trinquetes y sobre las mayores. Son las principales velas de un buque de aparejo cruzado por ser las de uso más frecuente, las mejor ubicadas y de tamaño más apropiado para recibir frentes de tormenta y transmitir el impulso al casco de la embarcación».

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Gaviero:

«Marinero a cuyo cuidado está la gavia y el registrar cuanto se pueda ver desde ella».

Tal fue la importancia del marino bajo cuyo cuidado estaban las gavias, el corazón velero del buque, que con el paso del tiempo se denominó Gaviero a todo marino que laborea en lo alto de la arboladura.
El término «gaviero» no existe en el diccionario de sinónimos ni el de antónimos. No se puede encontrar «gaviero» en el glosario de términos gauchescos y criollos, menos aún en el glosario de lunfardo y giros de Argentina, ni tampoco fue posible hallar el término «gaviero» en el glosario de jergas y modismos.
Hay un único y genuino motivo. Gaviero es un término acuñado en el corazón de los marinos, que requerían de los más experimentados marineros de la altura, cuando el rugido del mar y la intensidad del viento hacían crujir el navío en la tempestad.
Allí sólo algunos hombres eran capaces de trepar para desafiar el viento y encauzarlo en el paño, aferrar las escotas, tomar los rizos, tensar los brioles y aminorar el peligro de desarbolar o de naufragar.

Era entonces cuando el experimentado, joven y ágil gaviero era convocado y mirado con respeto por sus pares, que al abrigo de la cubierta elevaban sus más fervientes intenciones para que el gaviero fuera hábil y eficaz en su peligrosa labor.
Hoy, hace ya mucho tiempo que se dejaron de ver en el mar los grandes veleros pero no todos han desaparecido. Algunos países mantienen aún estos bellos barcos en actividad y la República Argentina emplea uno de los mayores veleros que siguen surcando los mares como buque escuela para los cadetes que aspiran convertirse en oficiales de la Armada: la Fragata ARA Libertad.
Esto es así porque la navegación a vela siempre fue un arte y hacen falta muchos años de mar para comprender y conocer los elementos de la naturaleza que allí se conjugan. Por medio de una prolongada travesía en este tipo de barco, con reminiscencias artesanales, el cadete y marinero se integran a la vida en el mar desarrollando entre otras, una de sus más tradicionales actividades, la de ser gavieros.
En nuestra Fragata Libertad, el Instituto Storni, entidad dedicada a difundir y promover los Intereses Marítimos Argentinos y a divulgar la fecunda vida y obra del Almirante Dn. Segundo STORNI, quien bregó incansablemente por crear una conciencia marítima en nuestro país, dona anualmente un trofeo al Gaviero más destacado.
Hoy, la expresión clásica de la actividad náutico-deportiva es el gaviero. Un marino que trabaja en lo alto de la arboladura y representa en cada una de sus faenas muchos siglos de historia y tradición marinera, que permitieron en su tiempo la comunicación, el descubrimiento y el comercio, en una época en la que solamente las velas enlazaban culturas y continentes.
Por eso la ARMADA ARGENTINA a través de su Buque Escuela, quiere mantener viva la tradición de esa tarea ruda y noble, que es forja de marinos de carácter, conscientes de la historia de la cual proceden y del fecundo horizonte hacia el cual navegan.
El gaviero es, en definitiva, el hombre que convive con el viento y el riesgo, formando parte de un equipo humano que debe trabajar en perfecta coordinación y armonía, e integrarse a la jarcia para darle eficiencia, vida y movimiento. Es el que sube a la arboladura con el entusiasmo del celo por su trabajo, consciente de que esa tarea es la que sus conciudadanos requieren hoy de él.
El gaviero sabe respetar la fuerza de los elementos y la desafía con habilidad, profesionalismo y coraje, encauzando el viento en cada paño al servicio de la navegación del buque. Está concentrado en su tarea pero está atento a la labor de sus compañeros compitiendo -no con ellos- sino consigo mismo para crecer en su realización personal y templar su carácter, ya que en el agotamiento solo recibirá como compensación la soledad de la altura y el rigor de los elementos.
El gaviero, por medio de una estricta disciplina personal se transforma en un ejemplo de intrepidez madura cuando desarrolla sus tareas en la jarcia y de humildad, consideración y cortesía cuando regresa al abrigo de la cubierta.
El gaviero hace un culto de la obediencia, el decoro y la claridad de proceder.
El gaviero con sus virtudes marineras ha conquistado la confianza y admiración de sus camaradas y superiores y la conserva perseverando en su vocación de servicio porque ha llegado muy alto en el plano de la realización personal, la pericia y el dominio de su habilidad física y la disciplina de su espíritu.

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Estas pautas de conducta, si bien han sido inspiradas específicamente para una de las actividades marineras de un gran velero, también constituyen una orientación válida y un objetivo permanente en la formación de los marinos argentinos, herederos de la gloriosa tradición iniciada por el Almirante Brown.

«Oda a la Fragata ARA Libertad» por Enrique Germán Martinez marino poeta

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odeado de distancia,
coronado de velas,
con su dama en la proa,
con su nombre en la estela,
así hace derrota el madero,
dejando su historia en la ola,
en la borrasca,
en el puerto.

La mano de un Dios marino
pone viento
al paño blanco de sus velas.
También blanco
es el nombre de la dama
y blanco es el casco del madero.

Es blanco el penol,
que remata el paño,
y blanco es su linaje de velero;
es blanco el tope de sus palos,
en cruz,
mirando al cielo
y blanca es la intención de sus gavieros.

Es blanca la espuma de mar
que lo bautiza
y blanca es la oración de LIBERTAD,
que aprendió del viento
el marinero.

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Enrique Germán Martínez (h)
Contraalmirante, VGM.
Comandante de la Fragata LIBERTAD en 1999.-

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Ilustraciones: Acuarela de Jesús Poblet sobre el viaje de 1999. Fotografia con lente Ojo de Pez, viaje 2014. Cuadro de Briggieri con la zarpada de la fragata, colección particular del autor. Fotografía «los cuervos del Mesana» en acción, viaje 2002.

«La Canción del Trinquete (2da. Parte)» por Enrique Germán Martínez marino poeta

Original en inglés de Guillermo Finney (1826) gaviero en la fragata «25 de Mayo» del Alte. Guillermo  Brown;  poetizada por Enrique Germán Martínez (Asesoramiento historiográfico Alejandra Sotelo Faderland)

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«Bien hecho, bravos muchachos”
son palabras de cuño veraz
que dedica el gran comandante
con orgullo que enciende su faz.

“No ha sido y no será deshonrado
nuestro altivo Pendón Nacional,
flameará todo el día en su tope
con la gloria que habremos de dar”

Los rugientes “farina bribones”
castigaron con fría impiedad,
cuando el buque parecía hundirse
pretendieron por popa abordar.

Nitcheroy avanzó en sotavento
y con salvas trató de arrasar,
pero pronto sonriendo la tropa
comenzó a bombardear por igual.

En cubierta y en el entrepuente
la muerte parecía triunfar,
sobre aquellos que aun combatían
con respeto, pena y dignidad

Imbornales cual ríos de sangre
por babor al navío escorar,
escurrían torrentes de vida
que a la patria juraron brindar

Así concluyó el “Veinticinco”
su largo servicio en el mar,
dignamente el viejo navío
dejó un nombre para recordar.
(“25 de Mayo”)

En medio de ardua pelea
recibe Espora herida letal
era gran capitán de bandera
y espada admirada por Brown.

Gallardo en aquellas acciones
sumó heridas a otras que ya,
ocultaba en su cuerpo valiente
como oro de un galón más

Sus graves heridas no fueron
obstáculo para arengar,
“Sigan peleando mis hombres
“Veinticinco” prevalecerá”.

Brown Almirante valiente
su nombre en la gloria ya está,
no podrá ser olvidado
por ninguno que lo ha visto pelear

Inspirado por su alma guerrera
dijo a Shannon que era un audaz,
“Señor, hará usted lo que pueda,
mi insignia al República irá.”

Continuará.

 

«La Canción del Trinquete (1a. parte)» por Enrique Germán Martínez marino poeta

Original en ingles por Guillermo Finney (1826) gaviero de trinquete en la Fragata «25 de Mayo» del Alte. Brown. Publicada en esa fecha con el título de «Song» en periódicos en inglés  (British Packet [1[) de la época; poetizada por Enrique Germán Martínez marino poeta con asesoramiento historiográfico de Alejandra Sotelo Faderland)

 

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Patriota es quien lucha y muere,
así fuere por la libertad.
tal era en todos los tiempos
así será en los que vendrán.

Fenney gaviero en la Escuadra
valiente contó su verdad,
fue testigo real en la historia
combatió bajo el mando de Brown.

Bajíos de Quilmes al sur,
muy lejos estaban del mar
pero al tiempo estaban muy cerca
de nuestra ciudad capital.

Norton comanda la flota,
un coloso el poder imperial,
triplicaba la Escuadra Patriota
bajo el mando del gran General.

Ese día fueron muchos los hombres
que encontraron glorioso final,
cumpliendo consignas triunfales
del noble marino a admirar.

Respetado y feroz en la lucha
valiente y genial al mandar
haría sus hombres heroicos
con prestigio y con autoridad.

Domingo temprano en el Plata,
La aurora comienza a clarear,
dando luz en las velas al viento
en sereno y brillante irradiar.

El enemigo cazó sus escotas
y dio rumbo a la Escuadra de Brown,
arenga ferviente a sus tropas
palabras que no han de olvidar.

Brown y Espora cruzaron miradas
Intuyendo cuál es el final,
aun cuando fuerzas mayores
amenazan desde todo el compás.

“Hoy es día de gloria en la Escuadra
Que en su lucha habrá de triunfar,
si siguen su líder y cumplen
mis consignas con fidelidad”

Fue cruel la batalla ese día,
para la Veinticinco de Brown.
Nitcheroy y las cuatro corbetas
se ensañaron con fuego brutal.

Los diez bergantines de Norton
no permiten la Escuadra acortar,
su distancia con la nave insignia
y sumarse a la acción principal.

Apuran Congreso y República
sus vanos intentos de estar,
a la altura de las circunstancias
y del sentir de la tropa de Brown.

En cambio en los cuatro restantes
el arrojo no se hizo notar,
tomó nota el sagaz enemigo
y al navío de Brown rodearán.

La repuesta de nuestro almirante
fue flagrante, efectiva y letal
izó al tope del palo más alto
El segundo pabellón nacional.

La emoción embargó a sus hombres
convencidos que sería el final
y redoblaron furiosas descargas
a Nitcheroy, nave insignia imperial.

El Bergantín 29 de agosto
también tuvo castigo al luchar,
al igual que una corbeta negra
y dos más que no sé recordar.

Continuará

«La canción del Trinquete (3a. parte)» por Enrique Germán Martínez marino poeta

Original en inglés del gaviero William Finney (1826) en la fragata «25 de Mayo» del Alte. Guillermo Brown, Traducida y poetizada por el contralmirante Enrique Germán Martínez Marino poeta para el Instituto Nacional Browniano con el asesoramiento histórico de Alejandra Sotelo fatherland 

 

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uando ondeaba galante en el tope
del República, la insignia de Brown,
cada hombre ya estaba en su puesto
palpitaba el Lobo de Mar.

“Duro al timón, su consigna
Y lo embistió con un golpe brutal
mientras letales andanadas de hierro
arrasaban sin ninguna piedad.

Desconcierto en la tropa enemiga
comenzaron con miedo a pensar,
si Brown era solo un hombre
o un demonio del fondo del mar.

Brown peleará todo el día,
dijo Norton con visible ansiedad,
y se ha propuesto un muy alto precio
por su nave insignia a cobrar.

“Veinticinco“ fondeado en la rada
perdió almas en gran cantidad,
el Buen Señor las reciba en su seno
ya hemos hecho su entierro de mar.

Bravos hombres palabras que honraron
en un día que fue muy desigual,
“Veinticinco” sostuvo a solas
con su sangre honra y libertad.

Yo soy parte de aquel infortunio
que me hizo heridas sangrar,
y caído clamaba al cielo
Dios mío, ¿por qué fue tan desigual?

Oficiales y los marineros
nada tienen de qué avergonzar,
no es el caso de algún capitán ,
que conductas tendrá que explicar.

Si en batalla no se empeñaron
con su barco por la libertad,
sobre ellos vergüenza recaiga
pero no sobre tropa leal.

Quien lea este relato
con más atención que pasión,
sabrá que no me he equivocado
al nombrar a valiente y collón.

Si todos hubieran luchado
como la nave insignia de Brown
ese día y desde tiempos pasados
Ya no habría enemigo en acción
(y lo más importante sería
del comercio su restitución)

Para ir concluyendo esta historia
con la pena de los que no están,
pido al cielo que al héroe proteja
Almirante Guillermo Brown

También al valiente Espora
cuya espada no se habrá de olvidar,
y a Oficiales y tropa embarcada
de gallarda y patriota heredad.

26 marzo 2016.