“El gaviero, entre la tradición y el honor” por Enrique Germán Martínez marino poeta

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ara Rubén Gerez, un gaviero toda su vida, en el día que hace 49 años la Fragata ARA Libertad obtenía el más alto galardón de toda su historia: la Gran Medalla.

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Gavia:

“Es la cuadra que se encuentra a la mitad del palo, bajo las velas trinquetes y sobre las mayores. Son las principales velas de un buque de aparejo cruzado por ser las de uso más frecuente, las mejor ubicadas y de tamaño más apropiado para recibir frentes de tormenta y transmitir el impulso al casco de la embarcación”.

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Gaviero:

“Marinero a cuyo cuidado está la gavia y el registrar cuanto se pueda ver desde ella”.

Tal fue la importancia del marino bajo cuyo cuidado estaban las gavias, el corazón velero del buque, que con el paso del tiempo se denominó Gaviero a todo marino que laborea en lo alto de la arboladura.
El término “gaviero” no existe en el diccionario de sinónimos ni el de antónimos. No se puede encontrar “gaviero” en el glosario de términos gauchescos y criollos, menos aún en el glosario de lunfardo y giros de Argentina, ni tampoco fue posible hallar el término “gaviero” en el glosario de jergas y modismos.
Hay un único y genuino motivo. Gaviero es un término acuñado en el corazón de los marinos, que requerían de los más experimentados marineros de la altura, cuando el rugido del mar y la intensidad del viento hacían crujir el navío en la tempestad.
Allí sólo algunos hombres eran capaces de trepar para desafiar el viento y encauzarlo en el paño, aferrar las escotas, tomar los rizos, tensar los brioles y aminorar el peligro de desarbolar o de naufragar.

Era entonces cuando el experimentado, joven y ágil gaviero era convocado y mirado con respeto por sus pares, que al abrigo de la cubierta elevaban sus más fervientes intenciones para que el gaviero fuera hábil y eficaz en su peligrosa labor.
Hoy, hace ya mucho tiempo que se dejaron de ver en el mar los grandes veleros pero no todos han desaparecido. Algunos países mantienen aún estos bellos barcos en actividad y la República Argentina emplea uno de los mayores veleros que siguen surcando los mares como buque escuela para los cadetes que aspiran convertirse en oficiales de la Armada: la Fragata ARA Libertad.
Esto es así porque la navegación a vela siempre fue un arte y hacen falta muchos años de mar para comprender y conocer los elementos de la naturaleza que allí se conjugan. Por medio de una prolongada travesía en este tipo de barco, con reminiscencias artesanales, el cadete y marinero se integran a la vida en el mar desarrollando entre otras, una de sus más tradicionales actividades, la de ser gavieros.
En nuestra Fragata Libertad, el Instituto Storni, entidad dedicada a difundir y promover los Intereses Marítimos Argentinos y a divulgar la fecunda vida y obra del Almirante Dn. Segundo STORNI, quien bregó incansablemente por crear una conciencia marítima en nuestro país, dona anualmente un trofeo al Gaviero más destacado.
Hoy, la expresión clásica de la actividad náutico-deportiva es el gaviero. Un marino que trabaja en lo alto de la arboladura y representa en cada una de sus faenas muchos siglos de historia y tradición marinera, que permitieron en su tiempo la comunicación, el descubrimiento y el comercio, en una época en la que solamente las velas enlazaban culturas y continentes.
Por eso la ARMADA ARGENTINA a través de su Buque Escuela, quiere mantener viva la tradición de esa tarea ruda y noble, que es forja de marinos de carácter, conscientes de la historia de la cual proceden y del fecundo horizonte hacia el cual navegan.
El gaviero es, en definitiva, el hombre que convive con el viento y el riesgo, formando parte de un equipo humano que debe trabajar en perfecta coordinación y armonía, e integrarse a la jarcia para darle eficiencia, vida y movimiento. Es el que sube a la arboladura con el entusiasmo del celo por su trabajo, consciente de que esa tarea es la que sus conciudadanos requieren hoy de él.
El gaviero sabe respetar la fuerza de los elementos y la desafía con habilidad, profesionalismo y coraje, encauzando el viento en cada paño al servicio de la navegación del buque. Está concentrado en su tarea pero está atento a la labor de sus compañeros compitiendo -no con ellos- sino consigo mismo para crecer en su realización personal y templar su carácter, ya que en el agotamiento solo recibirá como compensación la soledad de la altura y el rigor de los elementos.
El gaviero, por medio de una estricta disciplina personal se transforma en un ejemplo de intrepidez madura cuando desarrolla sus tareas en la jarcia y de humildad, consideración y cortesía cuando regresa al abrigo de la cubierta.
El gaviero hace un culto de la obediencia, el decoro y la claridad de proceder.
El gaviero con sus virtudes marineras ha conquistado la confianza y admiración de sus camaradas y superiores y la conserva perseverando en su vocación de servicio porque ha llegado muy alto en el plano de la realización personal, la pericia y el dominio de su habilidad física y la disciplina de su espíritu.

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Estas pautas de conducta, si bien han sido inspiradas específicamente para una de las actividades marineras de un gran velero, también constituyen una orientación válida y un objetivo permanente en la formación de los marinos argentinos, herederos de la gloriosa tradición iniciada por el Almirante Brown.

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