«Una épica gesta» por Enrique Germán Martínez marino poeta

 

 

 

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Caminan con pasos que no son de ellos,
midiendo una celda que no merecieron,
barrotes que infaman, cadenas que ofenden,
a jueces que pecan contra sus juramentos.

No hay en los pliegues de alguna conciencia,
ni en almas partidas de sus amores y afectos,
no hay un corazón, honesto y sincero,
ante esa traición, que no llore en silencio.

No cabe medir con razones abyectas,
ni procede juzgar con perfidia siniestra.
Los llamaba un clarín, que a la épica gesta,
ordenaba vibrante enfrentar la contienda!

Fue el tiempo que un odio, ajeno a esta tierra,
reinó con su corte vasalla y rastrera,
de amor obituario, mendaz y violenta
sesgando las vidas, vibrantes y plenas.

Las huestes bastardas armadas en guerra,
traidoras y viles en brutal montonera,
con saña impensable e inhumana fiereza,
traicionaron, abjuros y «la Patria fue Lesa».

No había en sus almas, si acaso tuvieran,
un dejo de humana piedad o de pena,
sólo ecos de miedo, de muerte y violencia,
sembrando el terror con su prosa dantesca.

Mil valientes lucharon en mil días de gesta
cargando en sus brazos el arma en defensa
de “patrios valores humanos”, que en guerra
tan cruel, “respetaron con honor y obediencia”.

EPILOGO
Altiva la mirada, así cumplen su condena,
truena al sol amanecido una voz esperanzada:
ya se acaba!. Se habrán ido y la Patria redimida,
en la ruta iluminada partirá hacia la gloria peregrina…

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¿Por qué en Argentina los héroes están presos o son olvidados?

El heroísmo, que a veces conduce a la autoinmolación, en la certeza de que quienes sobrevivan obtendrán un bien superior por el cual se justifica perder la propia vida, es la expresión más gloriosa a la que puede ascender un combatiente en el plano de la moral militar.
Esta actitud, casi antinatural, merece el perpetuo agradecimiento de aquellos por los cuales el combatiente expuso su vida habiéndola perdido o no.
Si ésta es la premisa, porqué tantos héroes actuales están unos presos y otros perdidos en el olvido, cuando la sociedad tiene tanto para agradecerles?
Hay en la Argentina quienes le han prometido «amor eterno al odio» desde su juriásico rincón ideológico petrificado treinta y cinco años atrás.
También hay muchos políticos inescrupulosos, que responden a partidos de raigambre fascista y cuya única lógica es la perversa construcción de poder a costa de un destructivo populismo.
A estos dos modelos de ciudadanos cuyos caminos en la vida no transitan por la senda de la solidaridad y el bien común, mucho menos en la construcción de la felicidad para las futuras generaciones, sino que todo su interés y sus valores humanos caben en una caja fuerte escondida en un sótano, no quieren y no les conviene un país libre, ordenado, con personas virtuosas y respetuosas de las normas.
No quieren que exista un contrato social, ni una Constitución, ni una sana división de poderes que se realimente en el mutuo control de los órganos del Estado.
Tampoco quieren el federalismo en tanto consista en sociedades con cierta independencia que están fuera de su control político.
No quieren seguridad jurídica ya que un sistema al cual se puede recurrir en demanda de justicia y otorga satisfacción a los cumplidores de la ley los dejaría desnudos en su accionar marginal.
En definitiva, no quieren nada que los limite en su apoderamiento cleptómano de todos los resortes de control para esclavizar a sus conciudadanos.
Quieren sólo una «zona liberada» en la que campea el crimen y la inseguridad, Quieren un ambiente políticamente anaeróbico en el cual puedan florecer y prosperar todas las formas del mal al amparo de las cuales cometerán todas sus tropelías.
Este ambiente de honestidad perdida, de virtudes olvidadas y de comportamientos malolientes, no tiene un espacio para los justos, los honrados, los trabajadores, los policías y los militares.
Mucho menos las personas ejemplares que hubieran alcanzado por ejemplo, la categoría virtuosa de héroes, ya que estos peligrosos individuos, amenazan con su ejemplo toda la estructura dedicada al mal, que flot
a en el fango blando, y algún día los engullirá a todos.

«Sol de Independencia» por Enrique Germán Martínez marino poeta

 

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oy te juzgan Sol de Mayo. A tu dignísima presencia,
le querellan magna gloria de la heroica Independencia.
Una celda será el pago con mil años de condena,
por batallas que libraste honorables en su épica.
Hoy mendaces las subvierten con indigna indecencia.

Batallones y banderas que flameaban con pureza
estandartes orgullosos bajo el lauro de su gesta,
combatieron en el monte con patriótica destreza
los emblemas y las armas en la más artera guerra,
contra crueles desalmados, si acaso alma tuvieran.

Pretendieron apropiarse de la gema tucumana
escondidos en los montes, sus terrores proyectaban,
leviatanes del infierno a sus puertas merodeaban,
y el Ejército Argentino dio el presente en la batalla.
Honorable decisión que el gobierno cavilaba.

La traición es rudo golpe a un hombre de las armas
que no daña su prestigio pero hiere justa calma.
Hoy se juzga y abandona a su suerte desgraciada
a soldados que antaño eran honra muy laureada,
y mañana serán culpa cuando su celda sea cerrada.

Otrora “estúpidos imberbes” son los jueces de la infamia
prevarican a sus anchas los que alentaban a las armas,
los patíbulos que fallan serán historia de patrañas,
y bastardía habrá en sus nombres por traidores a la Patria.

Hoy se juzga Independencia. Sol de Mayo hoy solloza.
Es vergüenza ser ingratos con sus héroes y su historia.
Sólo hay sesgo y hay mendaces. No hay justicia ni memoria.
Mientras guarden en mazmorras, las verdades y las glorias
en el blanco de los cielos no habrá más nuevas Auroras.

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