“Breve historia del Mascarón de Proa de la Fragata Libertad” por Enrique Germán Martínez marino poeta

Breve historia del mascarón de la Fragata Libertad. 

breve historia del mascarón de proa de la fragata libertad

Este articulo es en homenaje a mi padre (capitán de navío Enrique Germán Martínez) quien lo hizo instalar durante su comando y realizó el primer viaje de la Libertad con mascarón. 

En 1963 cuando instalaron el mascarón de Perlotti, el comandante capitán de fragata Horacio Ferrari recomendó enfáticamente quitarlo y no utilizarlo ya que no cumplía ninguna de las normas estéticas. Por este motivo el comandante Ferrari navegó sin mascarón.
Al regresar del viaje le entregó el comando a mi padre Enrique Germán Martínez capitán de fragata. Mi padre una de las primeras cosas que hizo, por recomendación del pintor marinista Emilio Biggeri, fue firmar el contrato con Carlos García González, quién talló finalmente el mascarón actual y con quien entabló una amistad duradera. Cuando lo instaló en la proa del buque, Carlos García González le pidió permiso a mi padre para inscribir en el borde de la falda de la República una inscripción relativa a su lugar de nacimiento y a su señora esposa que se llamaba Victoria y le decían cariñosamente Niké (diosa de la victoria en la mitología griega) . Mi padre autorizó la dedicatoria y en el mascarón quedó grabada la leyenda a Niké. Mi padre recordaba haberle oído decir que era un escultor pobre y que nunca la había podido llevar de viaje. Pero que ahora su obra viajaría por todo el mundo por muchos años. Contaba mi padre que el personal de la dotación del buque cuando se enteró que el mascarón estaba dedicado a la esposa del escultor de origen Gallego la bautizó inmediatamente “la gallega” sobrenombre que aún resuena en los oídos de los marinos.
Cuando yo era el capitán de corbeta y jefe de cubierta de la Fragata Libertad y nos aprontábamos para el viaje el año 1989, lo primero que hice fue pedir un trabajo al Arsenal qué consistía en desarmar totalmente el mascarón , llevarlo al taller de carpintería reemplazar las partes de madera que estaban en mal estado, reemplazar todos los tornillos, tuercas y fijaciones por piezas de bronce, reemplazar sectores de chapa que estaban en mal estado debajo del mascarón y dejarlo en perfectas condiciones para no correr el albur de perderlo en un temporal. No podía soportar la pesadilla de que un día se pudiera decir “el padre puso el mascarón, y el hijo lo perdió en el mar”.
Otra cosa que vale la pena destacar entre las memorias de mi padre y tengo la copia del documento es que cuando el escultor terminó su obra mi padre le otorgó en una ceremonia un diploma con un escudo de La Fragata Libertad y una leyenda que decía “yo Carlos García González hice tu mascarón”. Al respecto a Carlos García González le gustaba atribuirse a sí mismo de manera risueña el mote de “el último escultor mascaronero” debido a que, como los buques de hoy día no llevan mascarón y la Fragata Libertad era el último buque a vela que había sido construido en esos tiempos pensaba con cierto derecho que sería el último escultor de un mascarón. En rigor, de verdad debo decir que hubo varios mascarones posteriores y el último es un mascarón hecho en bronce por una escultora peruana Pilar Martínez Vidal que hizo el mascarón del buque escuela de la armada peruana Unión y cuya figura representa al rey inca Túpac Yupanqui en una enorme pieza de bronce muy pesada, bellísima y sumamente vistosa.
Por último mi padre dejó escrito un relato del bautismo de mar del mascarón, el bautismo de espuma de “la gallega”.
Dice el relato de mi padre: Se fue levantando viento y el buque cada vez más hendía su proa en las olas y cada cabeceo era más profundo por lo que vez más se acercaba el mascarón a la superficie del mar cuando subía la ola. Mi padre siempre marcaba que había una enorme expectativa por parte del personal en ver el instante en que por primera vez la gallega se zambulliría en la espuma.
Finalmente una ola más grande que las anteriores hizo que el buque hundiera su proa profundamente y la imagen dorada y prístina de la República se sumergió completamente despareciendo de la vista de los observadores.
Parecía haber sido engullida por el temido mar bravío. Pero luego de unos instantes que parecieron eones de tiempo galáctico la dama emergió airosa victoriosa e invicta como una diosa griega fraguada en oro en el Olimpo por Ephastos en el oro más puro de su forja.
En el año 1999 yo fui comandante de la Fragata Libertad y por segunda vez el mascarón fue confiado a un integrante de la familia Martínez.
Bajo mi responsabilidad el mascarón cumplió su más importante función, cual es la de alertar a los marinos sobre los peligros en la derrota y no hubo ninguna otra alternativa que destacar.
El mascarón volvió completamente íntegro y perfecto a Buenos Aires con su color oro un poco envejecido por la sal del mar ya que navegamos 30 mil millas náuticas.
En este homenaje a mi padre y a modo de cierre y conclusión deseo saludar al hijo del primer Comandante, mi amigo y compañero Horacio Juan Ferrari, cuyo homónimo padre navegó audazmente sin mascarón, pero que en los siguientes cincuenta años ¡nadie ha podido superar su distancia récord navegada a vela pura en la Fragata Libertad!

 
la vicky
La dama que nos custodia en alta mar.
 
 

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