“La verdadera historia del Mascarón de Proa de la Fragata Libertad” por Enrique Germán Martínez marino poeta

20121110-fraliEl mascarón representa a la República en una figura femenina, coronada con el gorro frigio , antiquísimo símbolo de la libertad. Como toda tradición marina, abundante en mitos y presagios, el mascarón cumple la función de resguardar de los peligros a la nave vigilando siempre el horizonte.
El primer mascarón, que nunca fue instalado en la Fragata Libertad, había sido encargado a un conocido escultor, pero resultó que no tenía ninguna de las características clásicas de los mascarones y fundamentalmente que su rostro mirara al horizonte, tanto es así que cuando lo instalaron en la roda quedaba mirando al agua.
Fue entonces que el capitán Biggeri, pintor marinista, recomendó a la Marina a un joven escultor gallego, llamado Carlos García González. Este talló en madera de cedro paraguayo la espléndida figura que hoy corona la roda del Gran Velero. Su joven esposa había fallecido en ese tiempo por lo que el escultor una vez finalizada la obra e instalada en la proa, pidió permiso al entonces comandante, capitán de navío Enrique Germán Martínez para dedicárselo a su difunta esposa. El comandante le otorgó la correspondiente autorización el 9 de abril de 1964 y el escultor grabó en una de las volutas de mar rizado de la túnica: “A Niké” y a continuación una Cruz de Santiago, su lugar de nacimiento. En 1999 el canal de televisión ATC presentó un video sobre la Fragata Libertad titulado Viaje a la Libertad. Allí se entrevista al capitán de navío Enrique Germán Martínez (h) hijo del anteriormente nombrado, quien al igual que su padre estaba ejerciendo ese año el comando del buque escuela. 
También son entrevistados su padre, el capitán de navío retirado Martínez, comandante en 1964 y el escultor Carlos García González. Este último relata, con voz que trasunta profunda emoción, ciertos aspectos del diseño del mascarón, su obra cumbre. Muchas veces había soñado con hacer algo similar y el hecho de ser contratado para esta obra significó ver su deseo cumplido, ya que considera la Fragata Libertad “la catedral de los mares”. 
Por su parte así relataba en 1964, el capitán de navío Enrique Germán Martínez, el bautismo de mar del mascarón: Amaneció el 3 de abril de 1964 en el Océano Atlántico con viento suave del NNE que se fue afirmando en el ENE durante la mañana, de tal manera que a 14:15 horas, ordené el primer zafarrancho de maniobra de velas. Momento ansiado por todos. El pito marinero, evocación de una época de tradiciones que afortunadamente renacieron con la Libertad, sonó vibrante en el puente, en el Trinquete, Mayor y Mesana. Las consignas impartidas por el Jefe de Maniobra eran cumplidas minuciosamente. Gavieros y Juaneteros se columpiaban en el marchapié a 14.8 m., 20.8 m., 22.9 m., 35.9 m. y a 41.8 m. de altura sobre la cubierta, mientras el mar nos mecía suavemente escorados a estribor. Y comenzaron las maniobras con los rollos de brioles, brazas, chafaldetes, escotas y cabullería, que ordenadamente pasaban por calabacines, motones y cuadernales. Así se fueron cazando las gavias, velachos y sobremesanas, juanetes, perico y sus sobres; trinquete, seca, mayor y por último, los stays. A medida que las velas se henchían, la Fragata se erguía sobre las olas, llevada hacia lo alto y adelante por el viento que inflaba cada trozo de paño. Fue a 15:30 horas cuando el Capitán de Corbeta Dn. Eduardo Carreras, Jefe de Maniobra, con un rostro que trasuntaba felicidad y orgullo me dio parte: “Señor, el buque está navegando con 26 velas a 5.3 nudos”. A partir de ese momento, cada uno de los que participaron o presenciaron la maniobra fue un poco dueño de la Libertad. 
La Libertad había tenido su bautismo de mar y de velas en 1961, durante sus pruebas de mar. Pero este año de 1964, a más de su equipaje de marinos novatos en el paño, tenía a bordo una pasajera nueva, de trascendencia. Alguien que a la Fragata acompañaría por siempre “anticipándose a su rumbo y liberando de peligros las aguas que surcaría su proa. Con la mirada en el horizonte nos prometería un futuro de enhorabuenas y nos auguraría una feliz arribada a puerto al término de una singladura profesionalmente provechosa”. Me he referido con estas palabras al “Mascarón de proa”. El “Mascarón de proa”, eterno compañero del velero, recibió su bautismo de espuma de mar cuando navegábamos con todo el paño el 4 de abril de 1964, con un viento firme pero poco mar, cuyas olas no llegaron a su figura. Pero el 6 de abril, al arreciar el viento, las olas comenzaron a crecer y el mar a arbolarse, y la Libertad hendió la roda en el mar, una y otra vez y varias más. Al primer proazo todos miramos hacia el bauprés pensando en la dama que asoma bajo la delfinera. El mascarón se acababa de bautizar con agua del Atlántico Sur y como todo bautismo implica un nombre, éste fue “La Gallega”. ¿Quién la llamó así primero? Nadie se presentó a reclamar su derecho, pero nuestro mascarón de proa se llama “La Gallega”. ¿De dónde salió el nombre. Eso sí lo sabemos todos los que navegábamos en la Libertad en ese momento. Su escultor, don Carlos García González, oriundo de Galicia (Santiago de Compostela) tomó como modelo a su esposa, cuyo rostro lleva en consecuencia, fallecida mientras el autor realizaba su obra.\r\nY este Comandante del primer viaje de “La Gallega” en 1964 (1) autorizó al escultor a grabar en las volutas de su falda y para siempre: “De Carlos a Niké 1964” y a continuación la Cruz de Santiago.  Al calmarse el viento y serenarse el mar, la cebadera fue recorrida por los marinos que querían saludar a “La Gallega”, que se había rendido a Neptuno, dios de los mares. Júbilo y asombro brotó de los corazones. Más reluciente, majestuosa y linda que nunca. Quienes la vimos nacer e hicimos posible el bautismo trazando el rumbo propicio, la mirábamos entonces con legítimo orgullo y sincera admiración.
Para recuerdo del escultor, en una ceremonia previa a la zarpada se le entregó un escudo del buque, orlado con una cinta argentina, en la que se lee: “Yo, Carlos García González, hice tu mascarón.
la vicky
La dama que nos custodia en alta mar.
(1) Capitán de Navío Enrique Germán Martínez, mi padre.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s