«Al borde del abismo» por Enrique Germán Martínez marino poeta

Cuando Aníbal Fernández era candidato a gobernador de la Pcia. de Buenos Aires.

Aníbal traficante de miserias
vende al conurbano con descuento.
CFK es corrupción hecha gobierno
explosiva y soberbia en sus histerias.

El Lanchero se acerca cabalgando
en un brioso caballo de madera
reluciente la pintura por afuera
en su vientre terroristas complotando.

Al sumiso no le importa cómo y cuándo
quedó en medio de esta infame montonera
en seis meses se lo llevan piloteando
una lancha de juguete y lo relevan.

Si ganara la elección, le estamos dando
la Nación a terroristas de tercera.
Pero van a la derrota sin dudarlo
porque el pueblo ya no quiere corruptela,

Epílogo

Han robado sin vergüenza hasta el hartazgo
y una celda a todos ellos los espera.

«Breve historia del Mascarón de Proa de la Fragata Libertad» por Enrique Germán Martínez marino poeta

Breve historia del mascarón de la Fragata Libertad. 

breve historia del mascarón de proa de la fragata libertad

Este articulo es en homenaje a mi padre (capitán de navío Enrique Germán Martínez) quien lo hizo instalar durante su comando y realizó el primer viaje de la Libertad con mascarón. 

En 1963 cuando instalaron el mascarón de Perlotti, el comandante capitán de fragata Horacio Ferrari recomendó enfáticamente quitarlo y no utilizarlo ya que no cumplía ninguna de las normas estéticas. Por este motivo el comandante Ferrari navegó sin mascarón.
Al regresar del viaje le entregó el comando a mi padre Enrique Germán Martínez capitán de fragata. Mi padre una de las primeras cosas que hizo, por recomendación del pintor marinista Emilio Biggeri, fue firmar el contrato con Carlos García González, quién talló finalmente el mascarón actual y con quien entabló una amistad duradera. Cuando lo instaló en la proa del buque, Carlos García González le pidió permiso a mi padre para inscribir en el borde de la falda de la República una inscripción relativa a su lugar de nacimiento y a su señora esposa que se llamaba Victoria y le decían cariñosamente Niké (diosa de la victoria en la mitología griega) . Mi padre autorizó la dedicatoria y en el mascarón quedó grabada la leyenda a Niké. Mi padre recordaba haberle oído decir que era un escultor pobre y que nunca la había podido llevar de viaje. Pero que ahora su obra viajaría por todo el mundo por muchos años. Contaba mi padre que el personal de la dotación del buque cuando se enteró que el mascarón estaba dedicado a la esposa del escultor de origen Gallego la bautizó inmediatamente “la gallega” sobrenombre que aún resuena en los oídos de los marinos.
Cuando yo era el capitán de corbeta y jefe de cubierta de la Fragata Libertad y nos aprontábamos para el viaje el año 1989, lo primero que hice fue pedir un trabajo al Arsenal qué consistía en desarmar totalmente el mascarón , llevarlo al taller de carpintería reemplazar las partes de madera que estaban en mal estado, reemplazar todos los tornillos, tuercas y fijaciones por piezas de bronce, reemplazar sectores de chapa que estaban en mal estado debajo del mascarón y dejarlo en perfectas condiciones para no correr el albur de perderlo en un temporal. No podía soportar la pesadilla de que un día se pudiera decir “el padre puso el mascarón, y el hijo lo perdió en el mar”.
Otra cosa que vale la pena destacar entre las memorias de mi padre y tengo la copia del documento es que cuando el escultor terminó su obra mi padre le otorgó en una ceremonia un diploma con un escudo de La Fragata Libertad y una leyenda que decía “yo Carlos García González hice tu mascarón”. Al respecto a Carlos García González le gustaba atribuirse a sí mismo de manera risueña el mote de “el último escultor mascaronero” debido a que, como los buques de hoy día no llevan mascarón y la Fragata Libertad era el último buque a vela que había sido construido en esos tiempos pensaba con cierto derecho que sería el último escultor de un mascarón. En rigor, de verdad debo decir que hubo varios mascarones posteriores y el último es un mascarón hecho en bronce por una escultora peruana Pilar Martínez Vidal que hizo el mascarón del buque escuela de la armada peruana Unión y cuya figura representa al rey inca Túpac Yupanqui en una enorme pieza de bronce muy pesada, bellísima y sumamente vistosa.
Por último mi padre dejó escrito un relato del bautismo de mar del mascarón, el bautismo de espuma de “la gallega”.
Dice el relato de mi padre: Se fue levantando viento y el buque cada vez más hendía su proa en las olas y cada cabeceo era más profundo por lo que vez más se acercaba el mascarón a la superficie del mar cuando subía la ola. Mi padre siempre marcaba que había una enorme expectativa por parte del personal en ver el instante en que por primera vez la gallega se zambulliría en la espuma.
Finalmente una ola más grande que las anteriores hizo que el buque hundiera su proa profundamente y la imagen dorada y prístina de la República se sumergió completamente despareciendo de la vista de los observadores.
Parecía haber sido engullida por el temido mar bravío. Pero luego de unos instantes que parecieron eones de tiempo galáctico la dama emergió airosa victoriosa e invicta como una diosa griega fraguada en oro en el Olimpo por Ephastos en el oro más puro de su forja.
En el año 1999 yo fui comandante de la Fragata Libertad y por segunda vez el mascarón fue confiado a un integrante de la familia Martínez.
Bajo mi responsabilidad el mascarón cumplió su más importante función, cual es la de alertar a los marinos sobre los peligros en la derrota y no hubo ninguna otra alternativa que destacar.
El mascarón volvió completamente íntegro y perfecto a Buenos Aires con su color oro un poco envejecido por la sal del mar ya que navegamos 30 mil millas náuticas.
En este homenaje a mi padre y a modo de cierre y conclusión deseo saludar al hijo del primer Comandante, mi amigo y compañero Horacio Juan Ferrari, cuyo homónimo padre navegó audazmente sin mascarón, pero que en los siguientes cincuenta años ¡nadie ha podido superar su distancia récord navegada a vela pura en la Fragata Libertad!

 
la vicky
La dama que nos custodia en alta mar.
 
 

«Diálogo con una amiga en la Web» por Enrique Germán Martínez marino poeta

Y mis poesías inspiran cosas así

Podré llegar a mostrarte la puerta,
pero tú decides si la abres o la cierras.
Podré enseñarte a prender
el fuego de tu hoguera,
pero tú decides si esa llama
quieres encenderla.
Podré decirte palabras
más fuertes o más bellas,
pero tú eres quien decides
que hacer con ellas.
Podré animarte a que
abras tu conciencia,
pero tú decides
como vivir tu vida en esta Tierra.
A. de T.
MI RESPUESTA:
Abriría la puerta
y pasaría adentro,
con leños que ofertas
encendería mil fuegos,
mis palabras, la hoguera,
escucharía en silencio.
Con frases eternas
y meditando acentos,
soñaríamos juntos
en dormir las conciencias,
pero en otra vida
y bajo otros cielos.

«Serás sonrisas» por Enrique Germán Martínez marino poeta

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a capital flower.

 

mi amiga,  Alejandra Sotelo Faderland. E.G.M.

Hoy va a salir un sol
más grande que todos los días
 y va a secar las lágrimas
que ayer te entristecían.
Llegará a un rincón del alma
donde nacen las sonrisas,
para hacer que a tus labios
regresen alegres risas.
Y todo tu rostro cante
con verdadera armonía,
lo que hay en tu corazón

 que cualquiera envidiaría;
porque es puro y sincero

como la luz que al mediodía,

en la cresta de una ola
 estalla en gotas muy finas.

Y cada una es un arco iris
que no empieza ni termina,

porque brilla en la superficie
hasta alcanzar alguna orilla.
Donde habrá de agradar a Dios
 y a sus ángeles de rodillas,

que cantan a la belleza
que el nuevo sol ilumina,
que secará tus lágrimas

y por siempre serás sonrisa.

2015.

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«Oda épica al Gran Almirante Don Guillermo Brown» por Enrique Germán Martínez marino poeta

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a  Oda épica al Gran Almirante don Guillermo Brown, ha sido aprobada por el Consejo Académico, por aclamación, para uso didáctico en distintas instituciones.

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Un marino irlandés en el Plata,
entre ráfagas de emancipación,
al ideario naciente de mayo
con intrépido amor abrazó.

Arraigado en pródiga tierra,
su alma por siempre enraizó,
mas la tregua fugaz de su vida
despertó al tronar del cañón.

A su mando la Escuadra patriota,
en urgentes vigilias se armó,
artillando las naves en puerto
que un babel de lenguas pobló.

Marinos de todos los vientos,
comandantes por digna ocasión
pedestales de gloria escalaron
defendiendo el novel pabellón.

Bouchard, de Kay, Parker y Seaver,
Spiro, Seguí y Drummond,
y otros más el honor la Escuadra
sostuvieron ante un poder superior

Espora y Rosales, dos bravos
criollos que esta tierra forjó,
el Gran Almirante admiraba
espadas que a sí mismo igualó.

El gaucho de pampas inmensas
su espíritu al mar sometió,
se afirmó en oscilantes cubiertas
Y su pecho al coraje entregó.

En el Plata un tronar de cañones
un catorce de mayo estalló
Y en tres días, cubierto de gloria
al futuro una Armada legó.

San Martín genial estratega
de la América un Libertador
otorgó a la brava Escuadra
un blasón que en el Norte brilló.

En la popa de nobles navíos
que la Patria naciente empeñó,
Brown valía por toda una flota
qua a oponentes más fuertes batió

Su firmeza en la épica gesta
que al Pacífico naves llevó,
fue mensaje en lejano escenario
del ideario que en Mayo nació

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A esta tierra, aun frágil promesa
un Imperio la amenazó.
Su montaña flotante de velas,
desafiaba libertad y honor.

Vivando tres veces la Patria
y disparando el tiro de honor,
atacó con su fuego rasante
Y juramento de heroico valor.

A la vista del pueblo, que ansioso
recelaba el poder invasor,
con sus velas henchidas al viento
apuntando hacia nuestra Nación.

Brown sereno y genial en batalla
a sus hombres palabra exigió,
que un altivo bajel de la Patria
jamás rendirá el pabellón.

Irse a pique fue noble consigna
que en las aguas del Plata vibró,
y en las ánimas de sus cañones
rugiendo entre salvas tronó.

Andanadas de pólvora y fuego
encendidas por la gracia de Dios
puso en fuga al soberbio oponente
que cazó escotas con popa al valor.

En Quilmes miserias y glorias
se funden bajo un pedestal.
donde ascienden valientes espadas
sólo: Espora, Rosales y Brown.

Finney gaviero en la Escuadra
dejó escrita, atroz su verdad,
Brown no era tan sólo un hombre
¡Preparen su alma al pelear!

Costa Brava sangriento y furioso
fue castigo al corsario oriental,
Garibaldi tiñe el río de rojo
al huir Brown lo perdonará.

Cien batallas libró el Almirante
y de inciertos destinos libró
a la patria naciente Argentina
que latía en su gran corazón.

El postrer homenaje del héroe
a Carlos María de Alvear,
Fue llorar comandando el navío
en que sus glorias dormían en paz.

Cuando su alma dio rumbo a la gloria
era el práctico un Ángel de Dios,
todo un pueblo lloró su partida
murió un padre de nuestra Nación.

¡Gloria eterna al Gran Almirante!
Irlandés de devoto fervor,
San Patricio en furiosas batallas
con su fe victoriosa invocó.


Una Armada heredó sus virtudes,

en la historia su ejemplo esculpió,
y sembró en corazones valientes
su tesoro valiente de eterno blasón.

Hoy reposa en su Patria afectiva
Y un pueblo afirmó su verdad,
Con palabras que rezan al Cielo:
“Brigadier Argentino es Brown”.

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Enrique Germán Martínez (h)
Ctealte. ( R) V. G.M.
Octubre de 2016.

Ilustraciones: Retrato del  Almirante de la época de la Independencia. Estampa de  de Don Guillermo Brown a bordo, muy vendidas durante la Guerra con el Brasil. Daguerrotipo del Almirante y su esposa (y apoderada legal) Eliza Chitty con motivo de su aniversario de bodas, 1844, primer daguerrotipo argentino que se conserva. Detalle del mismo donde se aprecia en su uniforme de gala huellas del combate y recién desembarcado. Daguerrotipo del Alte. Brown con uniforme de gala durante la presidencia de Justo José de Urquiza.

 

«Sus mares inmensos» por Enrique Germán Martínez marino poeta

a capital flower.  mi querida hermanita menor, María de los Ángeles.

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Traída entre alas
por ángeles buenos,
que entonan sus salmos
e himnos al cielo,
sería hermana menor
y sintieron los celos.
inscribieron su nombre
cual si fuera de ellos,

Siempre fue poesía
a los ojos paternos,
el poeta que escribe
deja un verso sin texto
en letras sin tinta
para nunca leerlo.
Las lágrimas cristalinas
escriben mudos silencios.

Hoy sus manos la llevan
a destinos diversos,
que no tienen nombre
o que nunca existieron.
Allí es donde llegan
En viajes eternos,
sus amados navíos
que encerró entre recuerdos

Ha enfrentado bravía
mares crespos e inmensos,
si no había un camino
trazaría un sendero,
el mar sería ilusiones
y sólo barcos veleros,
que naveguen pasiones
con quimeras al viento.

Si naciera de nuevo
dos cosas diré al cielo:
ser su hermano de cierto
¡pero a su cuidado tan tierno!
y que tenga un poeta,
el natural privilegio
de escribir las tres poesías,
y no tener que enviar una al cielo

2016

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«El húngaro, el vitreaux y yo» por Enrique Germán Martínez marino poeta

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Debido a los numerosos comentarios recibidos acerca de mi foto de perfil contra este vitral, les cuento la historia, donde se dan la mano un húngaro y su leyenda, mi tío y el vitral…

Ese vitreaux está en el bar confitería Soraya -Av. Cabildo 739, entre Olleros y Federico Lacroze.

Hasta el año 1979 era un comercio con una casa al fondo; el vitreaux separaba el patio de la casa de lo que era el local comercial.

El fondo de comercio era la «Zapatería Scarzella», propiedad nada menos que de mi tío abuelo y padrino, -Domingo Scarzella- él trabajaba en su comercio y vivía al fondo con la familia.

En 1963 yo tenía 12 años, e ingrese al Liceo Naval Almirante Brown. Como mis padres vivían en Mar del Plata, le pidieron a mi padrino (tío de mi padre) que me bancara los fines de semana que «mingo» (un divino), ¡accedió encantado!

Por eso es que durante un año todos los fines de semana viví en esa casa/zapatería, hoy bar Soraya. y el vitreaux que separaba el comercio de la casa era como una frontera hermosa entre la vida y los sueños. Entre la comida sabrosa de Tita, su mujer, y las madrugadas de regreso al liceo con frío, sueño, y por qué no, mas disciplina de la que hoy aceptaría.

Era además una frontera venerada porque se contaba la historia de un artesano húngaro que llegó con un poco de ropa y una moneda inservible, y decían que era el que manejaba el Cadillac rojo que todas las mañanas se dirigía a una vidriería de Barracas.

El pelotazo que no fue, gracias al hado del cristal no rompió el vidrio pero dicen que lo clientes en el local se alborotaron muchísimo.

Desde hace un año vivo a una cuadra y media de ese bar y es mi segundo living.

«Mingo, donde quiera que estés espero que te acompañe la buena racha de tu vida comercial y te hayas hecho amigo de varias manzanas a la redonda, igual que en el barrio de Belgrano. Gracias por haber sido un padrino cariñoso y generoso y no me jodas más con el vitreaux, porque nunca le pegue un pelotazo como me buchoneó tu hijo.

Gracias por todos los pares de zapatos que me regalaste, y los que te usé de los que guardabas en el sótano. Ya te lo habrá botoneado esos rubios grandotes con alas de plumas. Pero ¿Te dijeron que después que los usaba el empleado -ese viejito- que tenías los restauraba a nuevo? en todo caso hablalo con él.
Pero ¿perdoname, si?
¿Te acordás que contento te ponías cuando salíamos juntos y yo iba con uniforme?
Tenía doce años….
Te quiero muchísimo.»

Tu ahijado Enrique.

 

«El gaviero, entre la tradición y el honor» por Enrique Germán Martínez marino poeta

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ara Rubén Gerez, un gaviero toda su vida, en el día que hace 49 años la Fragata ARA Libertad obtenía el más alto galardón de toda su historia: la Gran Medalla.

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Gavia:

«Es la cuadra que se encuentra a la mitad del palo, bajo las velas trinquetes y sobre las mayores. Son las principales velas de un buque de aparejo cruzado por ser las de uso más frecuente, las mejor ubicadas y de tamaño más apropiado para recibir frentes de tormenta y transmitir el impulso al casco de la embarcación».

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Gaviero:

«Marinero a cuyo cuidado está la gavia y el registrar cuanto se pueda ver desde ella».

Tal fue la importancia del marino bajo cuyo cuidado estaban las gavias, el corazón velero del buque, que con el paso del tiempo se denominó Gaviero a todo marino que laborea en lo alto de la arboladura.
El término «gaviero» no existe en el diccionario de sinónimos ni el de antónimos. No se puede encontrar «gaviero» en el glosario de términos gauchescos y criollos, menos aún en el glosario de lunfardo y giros de Argentina, ni tampoco fue posible hallar el término «gaviero» en el glosario de jergas y modismos.
Hay un único y genuino motivo. Gaviero es un término acuñado en el corazón de los marinos, que requerían de los más experimentados marineros de la altura, cuando el rugido del mar y la intensidad del viento hacían crujir el navío en la tempestad.
Allí sólo algunos hombres eran capaces de trepar para desafiar el viento y encauzarlo en el paño, aferrar las escotas, tomar los rizos, tensar los brioles y aminorar el peligro de desarbolar o de naufragar.

Era entonces cuando el experimentado, joven y ágil gaviero era convocado y mirado con respeto por sus pares, que al abrigo de la cubierta elevaban sus más fervientes intenciones para que el gaviero fuera hábil y eficaz en su peligrosa labor.
Hoy, hace ya mucho tiempo que se dejaron de ver en el mar los grandes veleros pero no todos han desaparecido. Algunos países mantienen aún estos bellos barcos en actividad y la República Argentina emplea uno de los mayores veleros que siguen surcando los mares como buque escuela para los cadetes que aspiran convertirse en oficiales de la Armada: la Fragata ARA Libertad.
Esto es así porque la navegación a vela siempre fue un arte y hacen falta muchos años de mar para comprender y conocer los elementos de la naturaleza que allí se conjugan. Por medio de una prolongada travesía en este tipo de barco, con reminiscencias artesanales, el cadete y marinero se integran a la vida en el mar desarrollando entre otras, una de sus más tradicionales actividades, la de ser gavieros.
En nuestra Fragata Libertad, el Instituto Storni, entidad dedicada a difundir y promover los Intereses Marítimos Argentinos y a divulgar la fecunda vida y obra del Almirante Dn. Segundo STORNI, quien bregó incansablemente por crear una conciencia marítima en nuestro país, dona anualmente un trofeo al Gaviero más destacado.
Hoy, la expresión clásica de la actividad náutico-deportiva es el gaviero. Un marino que trabaja en lo alto de la arboladura y representa en cada una de sus faenas muchos siglos de historia y tradición marinera, que permitieron en su tiempo la comunicación, el descubrimiento y el comercio, en una época en la que solamente las velas enlazaban culturas y continentes.
Por eso la ARMADA ARGENTINA a través de su Buque Escuela, quiere mantener viva la tradición de esa tarea ruda y noble, que es forja de marinos de carácter, conscientes de la historia de la cual proceden y del fecundo horizonte hacia el cual navegan.
El gaviero es, en definitiva, el hombre que convive con el viento y el riesgo, formando parte de un equipo humano que debe trabajar en perfecta coordinación y armonía, e integrarse a la jarcia para darle eficiencia, vida y movimiento. Es el que sube a la arboladura con el entusiasmo del celo por su trabajo, consciente de que esa tarea es la que sus conciudadanos requieren hoy de él.
El gaviero sabe respetar la fuerza de los elementos y la desafía con habilidad, profesionalismo y coraje, encauzando el viento en cada paño al servicio de la navegación del buque. Está concentrado en su tarea pero está atento a la labor de sus compañeros compitiendo -no con ellos- sino consigo mismo para crecer en su realización personal y templar su carácter, ya que en el agotamiento solo recibirá como compensación la soledad de la altura y el rigor de los elementos.
El gaviero, por medio de una estricta disciplina personal se transforma en un ejemplo de intrepidez madura cuando desarrolla sus tareas en la jarcia y de humildad, consideración y cortesía cuando regresa al abrigo de la cubierta.
El gaviero hace un culto de la obediencia, el decoro y la claridad de proceder.
El gaviero con sus virtudes marineras ha conquistado la confianza y admiración de sus camaradas y superiores y la conserva perseverando en su vocación de servicio porque ha llegado muy alto en el plano de la realización personal, la pericia y el dominio de su habilidad física y la disciplina de su espíritu.

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Estas pautas de conducta, si bien han sido inspiradas específicamente para una de las actividades marineras de un gran velero, también constituyen una orientación válida y un objetivo permanente en la formación de los marinos argentinos, herederos de la gloriosa tradición iniciada por el Almirante Brown.

«Viento enamorado» por Enrique Germán Martínez marino poeta

a capital flower.   Nany y Juan.

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En playas con pinos que el viento acaricia
Y a veces potente en las crestas del mar,
Estalla furioso, inclemente y celoso
Porque ella no ha ido a dejarse admirar.

Es viento que nace en lejano horizonte
Y busca ansioso pinares al mar
Donde año tras año en secreto ha crecido
Su amor por la dama que jamás lo sabrá.

Su risa flotaba en las brisas marinas
Sus ojos hacían mil sombras al sol
La arena olvidada en su piel ya cobriza
Se hizo oro en un cuerpo que ni poeta soñó.

El día lluvioso que dio fin a su estancia
Lloraron petreles, gaviotas y aun hoy,
Las playas desiertas conservan sus huellas
Aguardándola a ella que sollozaba en su adiós.

Ese invierno el viento juró despechado
Olvidar a la dama con ojos de sol,
Por eso es que vaga insolente en verano
Y sopla tan fuerte gimiendo su amor.

2016

Viento aun enamorado

viento aun enamorado
En playas con pinos que el viento recuerda
Y son la herida que lo hace bramar,
Cuando vagabundea en arenas desiertas
Que borrar no han querido sus huellas jamás.
Su voz aún resuena en ecos lejanos
Que disputan los médanos por atesorar,
La risa feliz de los años pasados
que no pudo apagar el murmullo del mar.
El sol aún recuerda sus ojos orlados
de finas pestañas que en dulce mirar,
al astro obligaban a bajar su mirada.
Haciéndole sombra en un pestañear.
Su cuerpo cobrizo en ese verano.
que un poeta en versos no supo rimar,
aún intenta un poema que apasionado
pudiera a tan bella mujer retratar.